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Recordando la llegada de los religiosos cubanos expulsados a España en el 1961.

Recordando la llegaba de los religiosos al puerto La Coruña... 
Ahora que el Presidente de Estados Unidos ha criticado en el extranjero a las escuelas católicas norteamericanas, he recordado cuando la situación se tornaba en Cuba cada más hostil hacia la iglesia y los profesores escolares, hasta que….…expulsaron a los religiosos en Cuba
En enero de 1959 había casi 250 escuelas religiosa en Cuba. Ni la intervención del mítico prelado oriental Enrique Pérez Serantes fue suficiente para obtener algún respeto de parte de los líderes revolucionarios.
En el farisaico discurso del 2 de enero de 1959, el líder revolucionario Fidel Castro invitó a Monseñor Pérez Serantes aparecer juntos en el balcón del Ayuntamiento de la ciudad de Santiago de Cuba y frente a ese edificio está situada la Catedral Católica la que abrió sus puertas esa noche para que el combatiente de la Sierra Maestra pudiera ver el sagrario en todo momento.
¡Cuánta hipocresía recibía la Consagrada Comunión!
En noviembre del mismo año se efectuaba en La Habana el Congreso Católico Nacional reuniendo en la ciudad-capital a más de un millón de personas quienes protestaron a su vez por el matiz pro-soviético que estaba tomando la revolución. Posiblemente esa gran demostración retrasó los planes del gobierno de establecer un apátrida sistema en la isla. Pero ya en 1961 la aversión hacia la jerarquía católica era evidente.
Es imposible olvidar lo sucedido en mayo de 1961.
-Vapor Marqués de Comillas-
El gobierno socialista cubano expulsaba a sacerdotes y monjas del territorio unos hacia Florida, Estados Unidos y otros hacia Canadá. Pero el grupo que más llamó la atención fue el de 137 sacerdotes y monjas destinados a embarcar sin previo aviso en el vapor Marqués de Comillas, de la Cía. Transatlántica Española, anclado en los muelles de La Habana con destino al puerto de A Coruña, España.
El gobierno se había apropiado de todas las escuelas religiosas y ordenaba al magisterio a instruir a su alumnado en los fundamentos de la revolución socialista.
El 25 de junio de 1961, el mismo grupo religioso –que en su mayoría ellos impartían clases en las diferentes escuelas auspiciadas por la Iglesia católica- y que el régimen socialista había obligado a salir de Cuba,…arribaba a la provincia gallega, en España.
En el muelle de A Coruña fueron a recibir a los expulsados de Cuba: miembros de la Cruz Roja española y numeroso público que les esperaban en la zona de desembarco y le tributaron un cálido recibimiento. Aunque por muy cálido, no menos doloroso.
Entre las personalidades que habían acudido se encontraba el Abad de la Colegiata y preciado dominico de Su Santidad Monseñor D. Santiago Fernández Sánchez quien acompañado del General Matías Gallego -presidente de la Cruz Roja española-. El doctor Cereijo Santamaría, y otras autoridades subieron a bordo del Marqués de Comillas constituyendo un momento de gran emoción para los religiosos y para las personas que se agolpaban en torno a ellos para tributarles una cariñosa acogida.
Junio 25, 2013
Nota del Editor: Este artículo fue recibido por correo electrónico.

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La Virgen de la Caridad y el recuerdo de un gran Obispo.

      Por: Mario Hechavarria Driggs.*    
     El veintidós de Julio pasado, lo que era una noticia debió esperar hasta septiembre para serlo realmente, cuando la revista católica “Palabra Nueva”, publicó en su número ordinario de septiembre, la carta enviada por  Raúl Castro, Presidente del país,  al Cardenal Jaime Ortega Alamino, con sus condolencias por el fallecimiento, el día anterior en Miami, del  Arzobispo Emérito de Santiago de Cuba, Pedro Claro Meurice Estiú.
    De sus propias palabras sobre el finado, nos llega la conexión con la historia y el significado del hecho: “A él le correspondió suceder a aquel hombre al que mi generación recuerda con gratitud, monseñor Enrique Pérez Serantes.” Se refería el Jefe de Estado a los tiempos difíciles, posteriores al Asalto al Cuartel Moncada el veintiséis de julio de mil novecientos cincuenta y tres, cuando la firme y serena actitud del  arzobispo santiaguero, salvó a muchos como el propio Raúl de la represión del general Fulgencio Batista.
    Pérez Serantes recién había recibido el obispado y Meurice era un joven sacerdote, apadrinado por el nuevo prelado, quien veía en el joven santiaguero, altas dotes para la vocación por él escogida. Los años probarían lo acertado de aquel padrinazgo. Pedro Meurice estudiaría en Santo Domingo, España y Roma. Regresaría a Cuba cuando los barbudos de Fidel Castro avanzaban victoriosos sobre la ciudad que le acogería finalmente, llamado por el arzobispo Pérez Serantes, para ser su Secretario y Canciller.
    La historia demostraría que de mucho le valió al sacerdote su cercana y estrecha relación con un arzobispo de tanto prestigio. Los curas eran expulsados de Cuba. El propio Meurice  cuenta que “Un día vinieron dos oficiales a verme y me dijeron que tenía quince días para abandonar el país, yo respondí que no hallaba razón para hacerlo, pues era cura de varias parroquias y Canciller del Arzobispado. Luego hablé de esto con el arzobispo y serenamente me contestó:- Pues hazte como si no oíste nada. Así fue, pero luego se llevaron de Santiago 18 sacerdotes. Por suerte, a mí no me pasó nada.”
    Ciertamente la influencia de Pérez Serantes salvó a Meurice, pero como nota elocuente, sólo en el vapor Covadonga, viajaron expulsados de Cuba en ese mil novecientos sesenta y uno, ciento treinta religiosos. Eran los momentos de una crítica relación entre la Iglesia Católica y el estado cubano, que habría de mantenerse por décadas.
    El año noventa y ocho del pasado siglo marcó el cambio, ya desmoronado el Muro de Berlín, momento en el que Cuba necesitaba “un aire” para salvar su Revolución. Fidel Castro recibe con una ‘‘sonrisa’’ al Papa Juan Pablo II  y el gran peregrino de la Iglesia viaja por todo el país. En Santiago de Cuba, segunda arquidiócesis en importancia, le recibiría el ahora Arzobispo Pedro Claro Meurice Estiú.
    La Homilía de Meurice, acompañado por decenas de miles de personas y con el espaldarazo del Sumo Pontífice, sería recordada por unas palabras que marcan  pautas para la futura historia de Cuba: “Le presento además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología”…¡La Patria es de todos!            
    En aquel entonces era el año veintiocho de su arzobispado, gracias a la protección de Pérez Serantes, que le evitó el exilio forzoso, el mismo arzobispo que antes protegiera de los esbirros batistianos a los jóvenes Fidel, Raúl y sus compañeros. No había dudas del porqué de aquella expresión.
Pedrito, como cariñosamente le decíamos, ya retirado, recuerda a su tutor y afirma: “A veces busco y busco el porqué de aquellas palabras mías ante el Papa el día que visitó nuestra arquidiócesis, y siento que más que por mí- aunque lo hice absolutamente consciente y responsable de eso- las dije por él.”  
     Han  pasado los años, y la diabólica política de convertir a Cuba en un país ateo  ha fracasado,  gracias a Dios vamos recuperando  valores perdidos, la familia,  la fe  y  la esperanza, que le debemos a quiénes cargaron la cruz en tiempos difíciles y a las oraciones de los muchos que abandonaron el país, obligados por la cruel represión de aquellos tiempos. Vivimos momentos trascendentes y proféticos, el estado comunista busca afanosamente su tabla de salvación. Tal y como lo anuncia el apóstol San Pablo a los filipenses: ¿Y qué? “Al fin y al cabo, con hipocresía o con sinceridad, Cristo es anunciado y esto me alegra y seguirá  alegrándome.” (Flp 1, 18 -19).  
Ahora, y  para  fortalecer la fe,  “Nuestra Señora de la Caridad”  nos visita, luego de recorrer toda la isla, acompañada por millones de cubanos, ella nos trae  su mensaje de amor. ¡Haced lo que mi hijo os diga! (Jn 2,5).
“Esta peregrinación de la Virgen de la Caridad está mostrando que Cuba vive una primavera de Fe.” “En esta hora de nuestra historia nacional, necesitada de muchos cambios, muchas cosas han comenzado ya a cambiar.” Nos dice el Cardenal Jaime Ortega Alamino.
    Sin embargo, el fallecido Arzobispo Emérito de Santiago de Cuba, nos dejó una apreciación distinta.
Él no podía olvidar a aquellos milicianos conminándolo a que abandonara el país; tampoco perdió la memoria del “Covadonga” con los sacerdotes expulsados, la oscura prisión y el paredón de fusilamiento.
    “Mi temor es que cambien las cosas, vengan nuevamente los tiempos de la cruz y pase esta hora privilegiada.”
   *Periodista independiente cubano. Colaborador del Blog Religión en Revolución. Reside en Ciudad de la Habana, Cuba.

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