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Mediante el control y el soborno, el estado cubano fomenta la división dentro el ámbito religioso nacional.

Mario Hechavarria Driggs.
Una reciente declaración del Reverendo Pablo Odén Marichal, pidiendo la libertad de Los Cinco, no es noticia, antes hubo muchas otras. Llaman la atención porque no se trata de una petición humanitaria, sino un ejercicio de plena comunión con los postulados del Partido Comunista de Cuba.
Babalao en Jefe 
Algo similar dicen, sin tanta repercusión periodística, los dirigentes de la Sociedad Yorubá, líder entre las manifestaciones sincréticas de origen africano en nuestro país. Sin embargo, aunque la Iglesia Católica aboga por la liberación de los espías cubanos presos en Estados Unidos, igualmente clamó por la excarcelación, finalmente concedida a un centenar de prisioneros de conciencia existentes en nuestras cárceles.
Pero  que nadie se sienta engañado,  la Oficina de Asuntos Religiosos (Departamento # 3, de la seguridad del Estado) que preside la señora Caridad Diego en el Comité Central de Partido Comunista de Cuba, dirige, supervisa y controla la vida religiosa de nuestro país.
Ellos  facilitan los viajes al exterior, el permiso de comprar un transporte para la iglesia, supervisa y orienta en  las publicaciones cristianas,   dan los permisos de remodelación de templos, (las construcciones están prohibidas) determinan  quien se puede ordenar de pastor o sacerdote y crean las divisiones dentro de las comunidades.
El  líder religioso que quiera trabajar por su iglesia  tiene que  hacer silencio, colaborar  y bajar la cabeza. Conozco a decenas de  cristianos y pastores que han sido expulsados de sus templos  por su forma de pensar sin haber traicionado el mensaje evangélico.
En un templo Pentecostal ubicado en la esquina habanera de Infanta y Manglar, uno de los pastores de la referida institución religiosa, consiguió recluir a decenas de feligreses durante varias semanas, alegando la necesidad de una prolongada ceremonia que alarmó a familiares y vecinos de los creyentes, retenidos indefinidamente dentro de la iglesia.
Se encuentran gobierno y religiosos
Pronto se supo que el referido pastor estaba separado de sus funciones por su institución y por orden de la Oficina de Asuntos Religiosos, pero el mismo contaba  con el apoyo de numerosos seguidores, el cual logró convencerlos de aquel acto fuera de lo común.
El trasfondo es que habitaba una casa fabricada con el dinero pentecostal, albergue que perdería, con una agravante, al ser provinciano, debía regresar obligatoriamente a su terruño, de acuerdo a las disposiciones migratorias internas cubanas. El detalle adicional es que según testigos, tuvo dinero suficiente para financiar el sólo la voluntaria reclusión de sus adoradores. Pasados los días el pastor fue sacado del templo sin hacer mucho ruido, por fuerzas especiales del ministerio del interior.
Fuera de Cuba esto puede parecer un tanto normal, pero entre nosotros conseguir algunos sacos de cemento destinados a reparar parcialmente la propia vivienda sin un permiso llega a convertirse en pecado capital. Imagínense construir nuevos templos o viajar a los Estados Unidos, territorio matriz de las misiones protestantes asentadas en nuestra nación.
Estamos en la sociedad del NO, donde los permisos son auténticas prebendas, muy apreciadas por quiénes vienen de muy poco y aspiran a mucho. A diferencia, el clero católico, agrupado en una institución milenaria, universal, con estado propio diplomáticamente reconocido, escapan a la seducción de semejantes sobornos estatales, pero siempre vigilados por la seguridad del estado.
Cuando se dice estatal, no hay contradicción con el proclamado carácter laico de nuestro sistema político. Supuestamente los gobernantes deben mantener distancia igual de las instituciones religiosas, pero no olvidemos que el Partido Comunista, como entidad política, puede hacer sus propias alianzas y esto es normal, lo totalmente anormal es que se trata de la única agrupación política permitida en el país, además, constitucionalmente declarada fuerza dirigente de la nación.
De hecho, los dirigentes del PCC son los auténticos y efectivos jefes de estado en Cuba.
No se trata de cargar contra los pentecostales u otra denominación cristiana, tampoco en especial enfrentar querella a Babalao alguno en su condición de sacerdote local entre los santeros de mi país. Definitivamente todos heredaron del cristianismo en general, aceptan el padrenuestro, honran el bautizo y oran en las iglesias católicas, con velas y ofrendas florales a los santos.
En abril del 2010, la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC convocó a un encuentro nacional de creyentes, con el objetivo de consensuar un pacto de unidad nacional en defensa de la Revolución. Sólo los católicos faltaron en la reunión.
Interpelado el Cardenal Ortega Alamino por una decisión molesta a las autoridades, declaró: “Ni vertical ni horizontalmente la acción de la iglesia se funda en alianza alguna, sino que brota del derecho que tiene el cuerpo eclesial de hacer presente el amor de Jesucristo en el mundo de hoy. El Estado cubano no tiene en la Iglesia ni un aliado ni un enemigo. La Iglesia no espera ningún privilegio, en todo caso, para sí misma, el reconocimiento de su derecho a cumplir en libertad su misión.”
Es evidente que de tal forma no hablarán los pastores protestantes y menos aún los representantes del sincretismo de origen africano, cuyo museo de la calle Prado en La Habana cobra diez dólares a los turistas por una visita. La cultura Yorubá es una auténtica atracción entre los visitantes extranjeros, cobrando cifras de tres ceros a cualquier iniciado. Aquí no hay licencias por reconocer o impuestos a pagar al estado.
Permisos aceptados previa recomendación de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, señor feudal del ámbito religioso nacional. La religión es un productivo negocio económico, y político también.

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La Iglesia Cubana y la politización de la fe.

Por: Armando Añel.
Las cosas que hay que oír. A propósito de la ocupación pacífica por una docena de opositores de la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad este martes, en La Habana, y en vísperas de la visita del Papa, la Iglesia Católica ha circulado un comunicado criticando el hecho. “Nadie tiene derecho a convertir los templos en trincheras políticas”, dicen los jerarcas religiosos. Como si desde sus inicios mismos como institución la Iglesia no hubiera hecho otra cosa que política.
A la derecha, Cardenal Jaime Ortega y Alamino.
Si Jesús aterrizara en la Isla seguramente arrojaría del templo a latigazos no a los miembros del Partido Republicano de Cuba, sino a estos mercaderes “de la palabra de Dios”, a estos usureros del espíritu incapaces no ya de condenar el crimen de Estado y la represión, sino siquiera de emitir un mísero comunicado de reprobación contra el gobierno que ha convertido a ese pobre país en un gigantesco gulag. ¿Lo hicieron cuando el castrismo hundió un remolcador repleto de mujeres y niños en las afueras de la bahía de La Habana? ¿Lo hacen ahora cuando mujeres indefensas, con una flor por arma, son vejadas y golpeadas en las calles de Cuba? Por poner sólo dos ejemplos de tantos y tantos que pudieran citarse.  Política es convivir con, y hacerle el juego a, un régimen liberticida que carga sobre su conciencia miles y miles de asesinatos políticos. Lo demás es paisaje.
Se dice que la Arquidiócesis de Miami es un hervidero de agentes de la Seguridad del Estado castrista. Aquí y allá pulula el político artero en sotana, con alma de degollador. Basta ver cómo la Iglesia ha corrompido hasta la médula el espíritu fundacional del cristianismo para comprender que nada puede esperarse de estos cómplices de la miseria, la separación familiar, la pedofilia y la muerte. Mucho menos en Cuba, país desde hace mucho tiempo olvidado por Dios.
Fuente: Neoclubpress.
*Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida. Edita el Blog Cuba Inglesa.

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PEREGRINAJE AL INFIERNO.

Acabo de encontrar el título de lo que quería escribir sobre el viaje católico-turístico que el Monseñor Tomas Wensky está preparando para coincidir con el Papa Benedicto XVI en la isla, porque Cuba se ha convertido en eso, en un Infierno de donde todos quieren huir, aunque luego algunos regresen como turistas porque se sienten entonces por encima de los que allí, como Dante, quedaron enterrados sin esperanzas.
Ahora cientos de cubanos que huyeron de la isla por las mismas razones que todavía persisten, se colgarán un crucifijo al cuello, el más grande que encuentren en las tiendas de 99 centavos para ir a la pachanga turística que se aproxima. Es la nueva modalidad de viajar a Cuba, esta vez con la justificación de ser católicos, aunque no conozcan ni tres frases del Padrenuestro.
Y es que los cubanos, ni de aquí, ni de allá, tenemos suerte con nuestros “monseñores”. El de Cuba, Jaime Ortega, se sienta con el dictador de turno, el heredero de su hermano, a ver un juego de fútbol. Se presta para sacar de la isla a decenas de prisioneros políticos con la finalidad de eliminar la presión interna existente, y viaja a los Estados Unidos a implorar a la administración actual que levante el embargo económico a Cuba, aunque diga que la Iglesia no interviene en asuntos políticos…menos mal.
Foto a la derecha. Cartel que se vio en imágenes cuando el Papa Juan Pablo II viajó a Cuba.
El de acá, Tomas Wensky, corretea por todos lados pidiendo también que levanten el embargo, se encarga directamente de hacerles llegar a políticos en Washington que lo ayuden en esa misión, entre otras cosas, y ahora convierte un sueño en realidad, que es viajar a Cuba en forma de peregrinaje turístico. De esa manera todo queda espiritualmente especial.
Y ya escuchamos las grandes razones que justifican el viajecito: Que el Papa llevará esperanza al pueblo cubano, que así el pueblo puede darse cuenta de no sé qué, que puede formarse una rebelión estilo países árabes y el régimen dará un cambio total al estilo de la revolución de terciopelo y todos nos daremos las manos y cantaremos al unísono. En fin, lo mismo y lo parecido de cuando el Papa anterior fue a Cuba para decir: “No tengan miedo”, pero cuando arrestaron a una joven que levantó su cartel pidiendo libertad para los presos políticos, nada se supo luego de que se intercediera por ella.Las agencias de viajes, que gracias a esta administración lucran abiertamente con este negocio de “la familia” deben estarse disputando el mayor de los crucifijos para ponerlos en sus negocios y cabildeando con el Monseñor, prometiéndoles ir a misa todos los domingos, comulgar, aunque cometan pecados todos los días y dejarles, además, una buena ofrenda.
Vamos, qué importa que Ivonne Malleza se desangre en una celda de castigo en la tenebrosa prisión habanera de “Manto Negro”, ni que su esposo, Ignacio Martínez haya comenzado una huelga de hambre hasta que sean liberados que, de no hacerlo, pudiera morir como Orlando Zapata Tamayo.
Qué importa que Rafael Ibarra Roque, Lázaro de la Caridad, Daniel Santovenia o cualquier otro prisionero político en Cuba desgaste su poca salud en una inmunda galera junto a presos comunes de alta peligrosidad, si total, eso no perturba un viaje de turismo ahora llamado peregrinaje.
¿Visitará el Santo Padre a los presos políticos? ¿Podrá hablar personalmente con Ivonne Malleza para preguntarle el por qué de su encierro injusto? ¿Podrá algún opositor –de los de verdad- hablarle al Papa Benedicto XVI y explicarle la represión permanente en la que viven en la isla? ¿Alguien del pueblo –de a pie- tendrá la oportunidad de decirle al Santo Padre las necesidades reales que padece dentro de ese sistema que todo lo controla? Claro que no.
Como tampoco habrá una explicación jamás del Cardenal Jaime Ortega por no haber mencionado el nombre de Laura Pollán después de su asesinato. No hubo un mensaje de pésame, una misa de su parte o un consuelo para su familia. Si algo hace al respecto el Monseñor de Cuba, son misas para que el vejete dictador se recupere, eso sí.
¿Adónde llegaremos con la visita del Santo Padre a Cuba y el viaje turístico católico? Al mismo lugar que se llegó cuando el Papa Juan Pablo II estuvo allá: a nada. El pueblo emocionado participaba en las misas realizadas en las diferentes ciudades, para luego regresar a sus casas con la esperanza limitada y, al otro día, tener que enfrentar la misma miseria, el hambre y la represión de una dictadura militar impuesta y santificada por el mismísimo Papa.
No obstante esta es una oportunidad que no se da todos los días: hacer un peregrinaje al Infierno para conocer de primera mano a Satanás y darle su bendición. Para eso hemos quedado. Ojalá que la fe no se pierda con tantas miserias humanas por parte de la Iglesia Católica al estilo de la gran inquisición.

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